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RELATOS DE LA SEGUNDA REVOLUCIÓN PERONISTA

TEXTOS PARA LA MILITANCIA

Editorial Dunken

Buenos Aires 2012

PORTAL P I  . AGRADECEMOS AL AMIGO, AL MILITANTE

POR LA CAUSA NACIONAL CESAR ARIZMENDI POR DARNOS

LA OPORTUNIDAD DE PUBLICAR EN NUESTRO

PORTAL P I SU LIBRO.

LOS INVITAMOS A LEERLO

 

 

 

15 – 16 – 17 – 18

REESTATIZACIÓN, GENERALIZACIÓN, AUMENTOS Y 82%

Una de las tareas de la filosofía es hacer explícito lo que está implícito, develar supuestos, revelar lo no-dicho en lo dicho, sacar a la luz aquello que está oculto.

Beatriz Cimbaro Parecía una campaña, una decisión tomada y que iba a ser aplicada por cada gobierno que se sucediera, sea éste proveniente de golpes con dictaduras sangrientas, radicales en democracias recuperadas o neoliberales disfrazados de peronistas, de radicales, de progresistas o de lo que fuere.

La pretensión: terminar con los jubilados, no puedo ser tan cruel como para creer que la finalidad era terminar con los viejos, pero por lo menos hacerles la vida imposible.

Desde que tengo uso de razón que los jubilados están mal. Los humoristas en los programas de skech de la década de los sesenta, los presentaban flacos y abandonados, el último segmento en la escala económica y social del país.

Jubilarse en aquellos años era algo que podía tardar varios años, mientras tanto de alguna forma se las iba a arreglar, un hijo, un sobrino, algún pariente con un poco de resto para ir tirando.

Después, los aportes. Las empresas siempre fueron reacias a pagar la parte patronal del aporte y algunos también la retención al trabajador. Sin controles, las cajas se desfinanciaban, y el Estado se

tenía que hacer cargo (mal y tarde) de todos.

Y las últimas tres caras de la misma moneda. Los niveles de desocupación primero, la privatización del sistema de la era menemista después, y las rebajas del delaruísmo como golpe final para los cada vez más sencillos sueños de cada hombre o cada mujer que se arrimaba a la edad correspondiente, que irremediablemente siempre llega.

Para este modelo los privilegiados están alineados, cada uno esperando el turno que les va a llegar cuando se haya terminado con el que está peor y así sucesivamente.

Primero fue la reestat ización…

“Las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones de Argentina (AFJP de Argentina) fueron empresas privadas con fines de lucro dedicadas a administrar los fondos generados con los aportes jubilatorios realizados por los trabajadores que optaran por quedar incluidos en el régimen de capitalización individual establecido por la Ley 24.241 de reforma previsional del año 1993

de Argentina, durante el gobierno de Carlos Menem. La AFJP percibe una comisión, deducida del aporte previsional obligatorio de los afiliados, y administra la inversión del capital acumulado, con el doble fin de inyectar fondos en el mercado de capitales y obtener una rentabilidad para los ahorristas y para sí misma. Una vez alcanzada la edad jubilatoria, la AFJP debe entregar al afiliado el capital acumulado, en cuotas mensuales, hasta su agotamiento.”

El texto ascético, simple y explicativo, esconde la verdad (o las mentiras) del fabuloso saqueo al estado que fue la privatización del sistema jubilatorio.

Los aportes al sistema siempre fueron de más o menos el cuarenta por ciento del ingreso al presupuesto nacional, esto significa que con la privatización se desfinancia el tesoro hasta el cuarenta por

ciento; pero a los jubilados anteriores a la privatización hay que seguir pagándoles con fondos públicos, y a los nuevos jubilados que empezarían a cobrarle a las AFJP en aproximadamente cinco años (unos muy pocos) y se empezaba a incrementar hasta que el sistema llegaba a su funcionamiento final más o menos en treinta años. Dentro de treinta años, se muere el burro, se muere el rey o me muero yo, pensaron los dueños de AFJP como el campesino del viejo chiste.

Mientras tanto, el déficit insalvable que tomaba el estado lo pagarían con más deuda externa, más dependencia.

Un análisis realizado en setiembre de 2006 cuando comenzó a tomar cuerpo la reestatización del sistema; demuestra que el régimen privado de capitalización fue una verdadera estafa para los

trabajadores argentinos. Hoy, en medio del vendaval financiero desatado por la actual crisis mundial, que devaluó implacablemente todas las colocaciones bursátiles, se pone de manifiesto con mayor claridad que los sistemas de este tipo, a escala mundial, no hacen más que convertir a los aportantes en rehenes de un juego especulativo que no conocen ni controlan, beneficiando a los bancos y a los numerosos intermediarios financieros, pero nunca a los jubilados.

En nuestro país, la reestatización del sistema jubilatorio permite la reversión de uno de los componentes centrales de las reformas estructurales realizadas en la década pasada, en donde la creación de las AFJP y la merma de recursos que el nuevo sistema implicó para el sistema de seguridad social fueron determinantes en el incremento del déficit del sector público y, consiguientemente, en el aumento explosivo del endeudamiento estatal.

A contramano del discurso enarbolado por los apologistas del sistema previsional privado, la revisión de los resultados de su desempeño por más de una década muestran de manera contundente

que el sistema de capitalización lejos ha estado de preservar los aportes de los trabajadores. Por el contrario, las fluctuantes condiciones existentes en los mercados de capitales y las cuantiosas comisiones cobradas por las administradoras no hacían otra cosa que transferir recursos desde los trabajadores al sistema financiero.

Después la generalización…

La segunda etapa fue la de la generalización, que tiene que ver con derechos imposibles, que solamente un gobierno basado en el desendeudamiento social podía emprender.

Los tres millones de argentinos que con edad de jubilarse, pero sin aportes demostrables en ningún lugar no podían acceder al beneficio y quedaban condenados a la buena estrella de familiares o

amigos que los bancaran. Los que llevaban décadas de desocupación y trabajo informal, los subocupados de los 90, con aportes por temporada, las amas de casa que jamás hicieron aportes, ni hablar del personal doméstico.

Hoy no queda un hombre con más de 65 años ni una mujer con más de 60 que no cobre su jubilación, con aumentos dos veces por año por ley, sin intermediarios, sin punteros, sin trampas.

Siguieron con los aumentos …

La jubilación la paga el Estado, es el responsable último por la vida de todos los ciudadanos y por sobre todo por los que ya cumplieron con el servicio a la patria de trabajo cotidiano durante toda su vida útil.

Podría contar acá cual es la fórmula que se aplica para determi 94 RELATOS de la Segunda Revolución Peronista nar el aumento pero no agregaría nada de comprensión fácil, lo que sí estoy obligado a contar es que a partir de la fórmula los aumentos de los jubilados fue largamente superior a la inflación, a la verdadera y a la trucha de las consultoras de oposición al país, y la de los

dirigentes sin dirigidos que tienen una medición mensual que no pueden sostener más que para la conferencia de prensa que dan cada mes y que casi nadie les publica.

Es posible que el sistema solidario de jubilaciones que existe en la Argentina sea único en el mundo, seguramente habrá otros sistemas en economías más consolidadas que superen nuestra cobertura, tal vez en poder adquisitivo, pero el avance de la seguridad social durante esta etapa no tiene parangón.

Estábamos en “menos diez”; peor que no tener nada es tener un sistema en donde los empresarios y los trabajadores ponían los aportes para generar un régimen especulativo que manejaría los

recursos individuales de cada uno y se los devolvería al trabajador después de cumplida la edad correspondiente hasta donde alcance.

Ellos calculaban una “sobrevida” de los jubilados de entre 20 y 25 años (si vivías más de 30 no es mi culpa). Y además a los jubilados anteriores que los pague el Estado, como pueda, endeudándose (no se olviden, el 40% del presupuesto nacional) total se van a ir muriendo de a poquito.

“El 82%” ¿Quién dijo que el 82% es la panacea para los jubilados? ¿Quién cree que lo marca la constitución o alguna ley sabia que hizo la cuenta exacta para determinar lo que merece un hombre o

una mujer cuando pasa a la vida pasiva? ¿Por qué es 82% y no: 64% o 96% o 101% o 126%? ¿Por qué no un número redondo como 80, 90 o 110? Dicen que el 82% lo tienen sólo en Luxemburgo. No estoy en condiciones de corroborarlo pero definitivamente no lo creo.

No me voy a sumar en la crítica, al coro de fantasmas que después de haberles reducido el salario a los jubilados en un 11 % (otra vez esos números raros) cuando eran gobierno pretenden subírselo al 82% cuando están en la oposición, porque no tiene gracia por lo evidente de la maniobrita politiquera.

Tampoco creo que valga la pena aclarar que en la segunda revolución peronista la política hacia la tercera edad es tan prioritaria como la política de derechos humanos, porque con sólo repasar la

cantidad de aumentos progresivos a los jubilados preexistentes más los millones que llegaron a jubilarse sin tener ni un centavo de aporte, con el sólo hecho de llegar a la edad correspondiente, más la movilidad conseguida por ley dos veces por año.

El régimen de jubilación solidario que puso a la Argentina a la vanguardia en la atención de la clase pasiva, aún en los peores momentos económicos, con bajos salarios y bajas jubilaciones, es el que

vuelve a tener importancia en esta hora.

La reestatización del sistema es lo que el gobierno puso en discusión y ahí volvimos a ver las caras de unos y otros. Y mientras los que apoyaron el sistema de negocio privado y para pocos, símbolo y esteriotipo del neoliberalismo se pusieron en fila para votar en contra del proyecto nacional (valga la doble intención en la fraseología), no les alcanzó para sostener la marea de votos positivos que empezaban a reformular las nuevas mayorías.

El número 82 es arbitrario, se utilizó por única vez en época de Frondizi y duró unos pocos meses, es una “engaña pichanga” que no tiene más que un valor simbólico.

Después de haber generalizado la jubilación sin aportes, en respuesta a los millones de desocupados crónicos que generó, sostuvo y dejó el neoliberalismo en los noventa, la mayoría de los actuales

jubilados cobran la mínima y el 82% entonces habría que calcularlo sobre el sueldo mínimo vital y móvil, que determina generalmente en acuerdo entre las patronales, la CGT y el estado.

Si los promotores del 82% cuando son opositores, rebajan el 11% cuando son oficialistas, les va a ser muy fácil no aumentar el salario mínimo vital y móvil si algún día el pueblo sufre un ataque

de amnesia colectiva y los vuelve a votar en el futuro.

Hay muchas maneras de abordar la cuestión de los hombres y mujeres que después de haber superado las marcas biológicas que diferencian actividad de pasividad, merecen continuar con una vida digna.

El régimen solidario que existe en la Argentina es de los más progresistas del mundo y no casualmente se generó en la primera revolución peronista y en la segunda se garantiza para siempre por

ley de la Nación, dos aumentos anuales que determinan los representantes del pueblo en el congreso.

Solidaridad, dignidad, cuidado de los mayores y sin demagogia.

Nada de esto se podría haber hecho con tanta mística, con tanta convicción, si no hubiera sido por la participación desinteresada, casi sin darse cuenta de los dirigentes sin dirigidos de los partidos de la oposición en el congreso de la Nación.

Por eso es que quiero brindar aquí el listado de los 35 diputados que votaron en contra de la nacionalización de las AFJP y a favor del 82%. Lástima no tener además las declaraciones de los mismos explicando cómo se podría haber pagado desde las AFJP, el 82%.

Primero voy a poner a los más conocidos:

Aguad, Oscar Raúl (UCR - Córdoba) alias “El Milico”, no podía fallar Bullrich, Patricia (CC - Capital) alias “La Piba”, ministra de la rebaja del 11%...

De Narváez, Francisco (P.F. - Buenos Aires) alias “El Colorado” ¿Por qué no? Giudici, Silvana Myriam (UCR - Capital) La diputada de Clarín Hotton, Cynthia Liliana (PRO-Capital) La que llamó para que la presionaran Pinedo, Federico (PRO - Capital) Gente como uno…che Y además los inefables seguidores de Carrió, capaces de cualquier cosa Morán, Juan Carlos (CC - Buenos Aires)

Pérez, Adrián (CC - Buenos Aires). Quiroz, Elsa Siria (CC - Buenos Aires) Reyes, María Fernanda (CC - Capital) Baldada, Griselda, Ángela (CC - Córdoba) Carca, Elisa Beatriz ( CC - Buenos Aires) Flores, Héctor (CC - Buenos Aires) García, Susana Rosa (CC -Santa Fe) Vega, Juan Carlos (CC - Córdoba)

Los radicales en su laberinto insondable Cusinato, Gustavo (UCR - Entre Ríos)

Del Campillo, Héctor Eduardo (UCR - Córdoba)

Kenny, Eduardo Enrique Federico (UCR - La Pampa)

Lanceta, Rubén Orfel (UCR - Buenos Aires)

Portela, Agustín Alberto (UCR - Corrientes)

Rioboo, Sandra Adriana (UCR - Buenos Aires)

Giubergia, Miguel Ángel (UCR - Jujuy)

Urlich, Carlos (UCR - Chaco)

Storni, Silvia (UCR - Córdoba)

Algunos sueltos de la derecha

De Marchi, Omar Bruno (Demócrata de Mendoza - Mendoza)

Gribaudo, Christian Alejandro (PRO - Capital)

Gardella, Patricia Susana (Celeste y Blanco - Buenos Aires)

Ledesma, Julio Rubén (Celeste y Blanco - Buenos Aires)

Rossi, Cipriano Lorena (Peronismo Federal - Río Negro)

Thomas, Enrique Luis (Peronismo Federal - Mendoza)

Satragno, Lidia Elsa (PRO - Buenos Aires) alias Pinky (Bella

y gorila)

¡Los progres del Frente Amplio!

Alcuaz, Horacio Alberto (GEN - Buenos Aires)

Linares, María Virginia (GEN - Buenos Aires)

Peralta, Fabián Francisco (GEN - Santa Fe)

Y más arrepentido que nunca…

Solá, Felipe Carlos (Peronismo Federal – Buenos Aires)

SINDICALISMO Y PARITARIAS

“El sindicalismo no es ni debe ser una fuerza en pugna con las restantes que componen el núcleo social sino todo lo contrario; debe ser colaboradora y equilibradora de la actividad productiva nacional, pero gravitando siempre en la defensa de los justos intereses de los trabajadores.

El viejo principio de la violencia sindicalista aparece así superado en la concepción no tan sólo retórica, doctrinaria, del nuevo sindicalismo justicialista argentino, sino también la concreción práctica de los hechos que de él trascienden. Resulta así que la moderna concepción del sindicalismo definido y orientado por el general Perón se universaliza y hoy puede servir como norma a aquellos países que buscan solucionar afanosamente sus arduos y violentos problemas internos en el orden social.”

Principios del sindicalismo peronista, Secretaría de Informaciones, Buenos Aires, 1951.

No había encontrado una definición política de lo que es y debe ser el sindicalismo peronista más exacta y más precisa que la que refiere a ese sindicalismo de la pluma del propio Perón en los principios del sindicalismo peronista. Otra faceta revolucionaria, única.

En el transcurrir de una revolución, los trabajadores, sujeto principal de esa revolución, no pueden menos que ser la fuerza colaboradora y militante siempre en defensa de sus propios intereses.

La recuperación de las paritarias que son comisiones especiales integradas por trabajadores y empresarios de un mismo sector para analizar las relaciones laborales y modificar los convenios colectivos de trabajo, hace que los sindicalistas protagonicen las mejoras en las condiciones de trabajo y salario sin necesidad de conflictos.

Lo explico por el absurdo: Nunca en un gobierno que no fuera peronista se utilizó el método paritario.

Cada golpe de Estado tuvo como medidas primigenias el cierre del Congreso, para evitar la discusión de los representantes del pueblo; la prohibición del funcionamiento de los partidos políticos,

para no permitir el nexo y la organización colectiva; y el abandono de las paritarias para que los representantes de los trabajadores no puedan hacer sus demandas de readecuación de las condiciones de trabajo. Cada gobierno manso a los designios del gran capital, sólo pudieron con esto último, para empujar a los trabajadores a la resignación o el conflicto.

El proyecto nacional vigente, como en tantos otros temas, avanzó un poco más y declaró paritarias para docentes y empleados públicos que nunca las habían tenido.

Hoy los asalariados están llegando al “fifty-fifty” que persiguió y alcanzó el General en su tiempo. La brecha entre los más ricos y los más pobres se ha achicado hasta ser las más corta de Latinoamérica.

El país crece, pero también creció en los 90, y hasta creció durante la dictadura, la diferencia es que ahora ese crecimiento les llega a todos y cada convenio colectivo que se firma y lo homologa el

poder político del Estado a través del ministerio de trabajo, más se consolida esa llegada hacia los que menos tienen.

Las paritarias son el signo de los tiempos. Con un gobierno decidido por lo popular y un sindicalismo acompañando desde las propuestas y la defensa irrestricta de los derechos de los trabajadores,

se transforma en la fuerza predominante en la puja salarial en principio y el reparto más equitativo de la riqueza del país después.

 

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