Loading
http://piensebuenosaires.org.ar/pibsas/modules/mod_image_show_gk4/cache/fotopigk-is-87.jpglink
http://piensebuenosaires.org.ar/pibsas/modules/mod_image_show_gk4/cache/01gk-is-87.jpglink
http://piensebuenosaires.org.ar/pibsas/modules/mod_image_show_gk4/cache/02gk-is-87.jpglink
http://piensebuenosaires.org.ar/pibsas/modules/mod_image_show_gk4/cache/03gk-is-87.jpglink
http://piensebuenosaires.org.ar/pibsas/modules/mod_image_show_gk4/cache/04gk-is-87.jpglink

POR UNA NUEVA SOCIEDAD MáS JUSTA

 LA NUEVA EDAD HISTóRICA, QUE HIRIGOYEN ANTICIPARA, ESTá EN CURSO


La misión histórica del capitalismo ha concluido. La crisis es total, y corresponde a la declinación de un sistema que no puede dar respuestas justas a las necesidades de la humanidad. Es el fin de una forma de vida que con sus prácticas irracionales limita y distorsiona las posibilidades legítimas de los pueblos.

 

Argentina sufre por la dependencia de ese sistema. Si bien la dependencia es un fenómeno originado en la economía, luego se traslada a todos los estamentos de la sociedad, hasta su plena dominación. Agotado por sus terribles contradicciones, el sistema capitalista dependiente solo ofrece un futuro de escasez, desocupación y gravísimas convulsiones sociales.

Todos los grandes problemas de nuestro país están vinculados a esa realidad. Por lo tanto, su definitiva cancelación constituye el principal objetivo de todo movimiento nacional.

Una política reformista o modernizante no basta para la transformación revolucionaria. La auténtica solución no consiste en mejorar un poco el sistema en crisis; tampoco provendrá de la concentración absoluta del poder en una burocracia totalitaria y represiva.

Para el pueblo no cabe otra alternativa que luchar por una nueva sociedad, más apta y más justa, asentada en los principios del humanismo liberador.

En la nueva sociedad el poder, la riqueza, la cultura, los recursos naturales y los medios técnico-científicos estarán al servicio del Hombre y no de una clase privilegiada; el lucro y el individualismo irresponsable, valores absolutos en la sociedad capitalista, serán suplantados por la solidaridad y la justicia social, la participación popular y la planificación socio-económica de la producción, la distribución equitativa de las riquezas nacionales y el resguardo de los valores espirituales y morales de los seres humanos.

DOS TEORíAS

Si hay dos sociedades en pugna –la vieja que muere sin remedio y la nueva en gestación-, también hay dos teorías que la expresan: una regresiva y otra revolucionaria.

Mientras proclama libertades formales y abstractas, la teoría capitalista ampara la descarnada explotación y represión de los pueblos y hombres. La dependencia, la miseria, el analfabetismo, la corrupción y todas las lacras sociales, para el liberalismo económico son hijas de la fatalidad y nada ni nadie puede evitarlas.

Por el contrario, para la teoría revolucionaria la explotación y el atraso no son inevitables. Por eso es la ideología de la esperanza. Su fe en el porvenir no se basa en un irracional presentimiento de soluciones mágicas. Por ser revolucionaria nuestra teoría se asienta en el conocimiento metódico y exacto de la sociedad vieja y en el pronóstico de la nueva sociedad, en la experiencia cotidiana de los pueblos en marcha y en la elaboración de una estrategia y una táctica acordes con las posibilidades argentinas. Intenta la correcta interpretación de los sentimientos colectivos y la incorporación, a su teoría y práctica, de la dinámica transformadora de los movimientos populares.

La teoría revolucionaria exige una evaluación certera de las fuerzas que combaten; de un preciso ajuste entre sus principios, sus tareas y la realidad donde actúa; de la equilibrada compensación entre sus deberes y posibilidades. Y por sobre todo demanda el más estrecho contacto con su única fuente de inspiración y de poder: el pueblo.

Por eso, la ideología elaborada a partir de la teoría revolucionaria no es abstracta y tiene dimensión real; es la guía de la acción popular por la liberación nacional y social.

RESPUESTA A LA CRISIS

La crisis estructural del sistema puede verificarse con relativa facilidad. Cuando en vez de justicia y desarrollo, el poder vigente emplea la prepotencia del terror, es que ese poder ya no tiene vida útil. Está viviendo su muerte y la descomposición queda al descubierto; se desmoronan los mitos, la arbitrariedad gobierna y cunde la inmoralidad.

No hay salvación individual y ninguna parcialidad puede escapar del desastre. Con la tremenda fuerza de los hechos, aparece la única respuesta posible a la crisis: la convergencia de las fuerzas revolucionarias nacionales para dar juntas la batalla por la nueva vida y la nueva sociedad en un país emancipado.

Hasta el presente las fuerzas representativas de interés popular, por variadas diferencias, se han aislado entre ellas. De esa dispersión se beneficiaron los enemigos comunes que sí supieron reunirse cuando sus intereses fueron amenazados o comprometidos.

Esta experiencia histórica no puede reducirse a un tema más de la especulación intelectual. Es preciso corregirla en la práctica, porque la hora actual reclama la superación de discrepancias secundarias para conformar el bloque emancipador. Ningún participante de las luchas por la liberación debe dejar de intentar la unidad política, para decidir la suerte futura.

En este momento de crisis hacen falta, como nunca, ideas claras, proyectos coherentes y sensibilidades alertas para evitar la frustración colectiva.

La victoria sobre la dependencia y el atraso llegará si se reúnen la orientación esclarecedora con la capacidad de movilización del pueblo en la primera línea de la batalla por la liberación. No hay otro modo de superar la crisis y construir un porvenir diferente.

Con este documento, el Partido Intransigente aporta una guía de acción y una visión del país que tenemos y del modelo argentino que ambicionamos; al mismo tiempo, sus propuestas conforman una plataforma para el diálogo y las coincidencias con aquellos sectores que comparten idénticos anhelos.

SíNTESIS HISTóRICA

Un pueblo sin memoria es un pueblo sin porvenir, solo revalorando nuestro pasado a partir de las gestas de resistencia popular, será posible avanzar en la historia inconclusa de nuestra liberación nacional y social.

Hace más de un siglo y medio nacimos a la vida independiente en una era de la historia caracterizada por el tránsito del mercantilismo al capitalismo, signada por los resplandores de la Revolución Francesa y el naciente liderazgo del industrialismo inglés.

En la ejecución de aquel acontecimiento primordial para la patria coincidieron fuerzas diferentes con propósitos no siempre homogéneos; pero, no obstante ello, consiguieron materializar el hecho básico de la independencia en condiciones singularmente adversas, cuando el país se debatía en medio de desgarramientos interiores y cuando la conjura de la reacción colonialista preparaba sus fuerzas para sofocar la naciente libertad americana.

Hacía falta coraje, ese coraje reclamado por San Martín para las grandes empresas, para afirmar los dos términos inseparables de la independencia y la unidad nacional. Así fueron nuestros orígenes; más tarde ese hecho histórico fue desvirtuado hasta dejar el anhelo emancipador recluido en los términos de la independencia política y con el tiempo ni si quiera eso.

La Revolución quedó inconclusa y la causa emancipadora prisionera entre los filamentos de una nueva corona imperial: la Británica.

A partir de entonces las potencias imperiales de Europa rivalizan en su intento de imponer sus intereses comerciales en las ex –colonias españolas, contando para ello con la complicidad de las nacientes oligarquías criollas.

Gran Bretaña fue imponiendo paulatinamente su hegemonía, eliminando a sus molestos competidores y la generación del 80, comprometida con la estructuración de un país dependiente, dentro de las nuevas condiciones económicas creadas por la división internacional del trabajo, se encargó de institucionalizarla.

La genuflexión de las clases dirigentes no logró sin embargo acallar las voces patrióticas y de la propia crisis de ese proyecto oligárquico-dependiente surgieron, a partir de 1890, las corrientes redentoras que habrían de dar expresión, en el siglo siguiente, al primer movimiento popular emancipador bajo el liderazgo de Alem e Irigoyen.

Allí se encuentra el acta de nacimiento de la intransigencia en la frase acuñada por Alem "Yo soy radical intransigente", con la que estigmatizó al sector dispuesto a pactar con el régimen, sector que habría de intentar sin pausa, a lo largo de la historia, esterilizar la vocación emancipadora de los movimientos populares.

La historia de la UCR se caracteriza como la historia del país por la lucha constante que en su seno libraron las dos tendencias, la intransigente emancipadora y la acuerdista vinculada a los intereses de la entrega.

El acceso de H. Yrigoyen al gobierno en 1916 significa el triunfo de la causa popular y la incorporación a la vida cívica de vigorosos sectores hasta entonces marginados. Se había dado el primer paso hacia la consumación de la Revolución Democrática en una Argentina donde el ciclo político protagonizado por la oligarquía comenzaba a declinar.

La defensa del patrimonio nacional caracterizado por la política de Yrigoyen en materia de transportes, marina mercante, conservación de la riqueza petrolera y su explotación, la inauguración de un nuevo estilo en materia en materia de política internacional y sus esfuerzos a favor de la justicia social enmarcan los hitos fundamentales de su política.

A través de su caracterización de la "causa" Yrigoyen expresó al país que aspira a vivir con dignidad, ejerciendo su voluntad de autodeterminarse para construir una sociedad justa, donde los derechos humanos adquieren categoría de valores inmutables; por contraposición al "régimen", expresión retrógrada de los pequeños que piensan el país en términos e factoría y el pueblo en términos de tribu. Para él, los "hombres debían ser sagrados para los hombres y los pueblos para los pueblos".

La dependencia estaba amenazada y sus personeros no tardaron en reaccionar: el 6 de setiembre de 1930 Hipólito Yrigoyen fue derrocado por un golpe de estado. Con su caída, el pueblo sufrió una dura derrota en su lucha por la liberación. Una vez más la resistencia nacionalfue aplastada por la dominación extrajera y sus aliados nativos.

Así nace una nueva etapa caracterizada por el fraude y la entrega que el juicio popular ha denominado "la década infame"; para que ello ocurriera fue necesaria la alianza de sectores contrarrevolucionarios desplazados por el yrigoyenismo y los elementos acuerdistas que desde adentro minaban la entraña del movimiento popular. Su expresión fue la Concordancia: frente a ella, un radicalismo castrado abandona las banderas de la revolución. Como contrapartida aparecen entonces los movimientos reivindicatorios del acervo partidario que tienen su primera expresión en FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina).

En un contexto nacional condicionado por la situación internacional emergente de la segunda guerra mundial, comienza a percibirse la declinación del imperio británico y su sustitución por los Estados Unidos.

Nuestras clases dirigentes carentes de vocación patriótica y de imaginación malograron la oportunidad histórica de lanzar al país por el camino de su definitiva liberación.

A pesar de ello el país se transforma con el desarrollo de la industria liviana; una nueva clase social, el obrero industrial, irrumpe reclamando su participación, no consentida por los grupos dirigentes, en el proceso nacional.

El 4 de junio de 1943 termina la era del fraude, precisamente el día en que, en la Cámara de Comercio Británica, se debía proclamar la fórmula Patrón Costas-Iriondo.

Una nueva etapa del proceso estaba en marcha y el 17 de octubre de 1945 las multitudes se galvanizaban en la búsqueda del rol protagónico que se expresa en la aspiración de volver a ser artífices de su propio destino. El entonces coronel Perón encarna esta nueva fecha símbolo que da nacimiento al segundo gran movimiento popular de este siglo.

La conducción radical en manos de la corriente negadora de la esencia popular revolucionaria de la intransigencia, enfrenta este proceso con su participación en la Unión Democrática, que significaba la reedición de las viejas prácticas acuerdistas con sus tradicionales adversarios.

Simultáneamente en el seno del radicalismo comenzaban a evidenciarse los síntomas de la aparición de una nueva vertiente de las corrientes yrigoyenistas que estaban preanunciando el fin de la conducción claudicante y la formulación de un programa que le devolviera al Radicalismo su condición de fuerza revolucionaria, que había de plasmarse con la fundación del Movimiento de Intransigencia y Renovación, cuya primera manifestación concreta es la declaración de Avellaneda.

Se nuclearon en el mismo movimiento radicales intransigentes de todo el país, pero principalmente de Capital, Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires intérpretes de un sentimiento cada vez más generalizado tendiente a recuperar el principismo intransigente, propiciando además una renovación de hombres y métodos para que la gran causa, que había sido desviada desde sus conducciones en su carácter político, social y estaba afectada moralmente en los procedimientos cívicos institucionales en su propio seno, pudieran en adelante cumplir su cometido en la vida nacional; firman el manifiesto inicial, entre otros, Lebensohn, Alende, Pérez Aznar, Roque F. Coulin, etcétera.

El acceso del movimiento peronista al poder implicó incorporar a la vida política argentina a una capa social hasta entonces marginada por el régimen imperante: los sectores más pauperizados de la población, en especial la clase obrera.

El nuevo gobierno concretó una etapa de reivindicaciones sociales y de nacionalizaciones en sectores importantes de la economía; no obstante, se postergaron cambios estructurales que hubieran, en esas circunstancias particularmente propicias, posibilitado la liquidación definitiva de las estructuras de la dependencia.

Sus contradicciones internas, los métodos autoritarios, el culto a la personalidad, el abandono de políticas nacionales en materia energética y la corrupción administrativa, lograron erosionar al peronismo y terminaron causando su caída en 1955.

La política del gobierno de facto se caracterizó por su revanchismo, de manera especial contra los trabajadores y una concepción de la economía inspirada por la mentalidad libre-empresaria al servicio del capitalismo, a la vez que pretendió instrumentar su continuidad apoyado por los sectores conservadorizados de la UCR.

Ello provocó la reacción de la línea intransigente yrigoyenista que impidió la consumación de esta nueva desviación; los escindidos, al amparo de un fallo judicial arbitrario, formaron la UCRP.

El pueblo consagró el triunfo del programa intransigente en 1958, pero la UCRI infeccionada por los sectores desarrollistas, archivó el programa provocando con ello una nueva frustración nacional.

A partir de entonces en el seno de la intransigencia se libra una nueva y definitiva lucha que culmina en 1963 con la exclusión del sector responsable de la defraudación. Afirmando sus principios emancipadores, la Intransigencia propuso la realización de una efectiva Revolución Nacional.

En los "lineamientos políticos fundamentales" advirtió en 1964: "El Estado de derecho liberal-burgués se ha mostrado ya sobradamente impotente para consumar la transformación de estructuras y realizar la idea contemporánea de justicia social".

Y en diciembre de 1965, señaló que "el cambio social que imponen los nuevos tiempos no puede ser la bandera de un solo partido o sector de la vida nacional".

Puntualizó que " se requiere la influencia poderosa e irresistible de las mejores energías de la comunidad argentina" y convocó al diálogo para "plasmar un programa sobre bases de coincidencias fundamentales".

En 1972 el yrigoyenismo revolucionario se organizó políticamente como "Partido Intransigente".

En las primeras reuniones del Frente Cívico de Liberación Nacional (Frecilina) el Partido Intransigente exigió la adopción de un claro programa de liberación nacional.

Como ello no se obtuvo y dado que algunos sectores que lo integraban no eran garantía para la concreción del mismo, el Partido no participó del Frente Justicialista de Liberación Nacional (Frejuli).

En la coyuntura electoral de 1973 reivindicó esa propuesta en el marco de coincidencias esenciales a través de la Alianza Popular Revolucionaria (APR), cuya presencia presenta un hecho nuevo en la política nacional.

Despojado de artificiales reservas y anacrónicos prejuicios el Partido Intransigente marcó una apertura a amplios sectores populares, que no toleran una sociedad injusta y excluyente.

La alternativa de la APR nucleó a un importante sector de las jóvenes generaciones que se sintió interpretado por objetivos que se proyectan más allá del acto electoral y que aparecen explicitados en el programa de liberación nacional del Partido Intransigente.

Ese programa sostiene que la revolución nacional es el único camino para la liberación del pueblo de toda dependencia y de toda opresión económica, política y cultural; el único camino hacia la socialización del poder, la riqueza y la cultura.

El apoyo electoral obtenido por la APR en 1973, confirmó la validez de la propuesta de convergencia revolucionaria. Sobre todo si se toma en cuenta que siendo el eje de aquellas elecciones el repudio masivo a las oligarquías nativas y sus mandantes imperiales, el pueblo buscó concentrar sus votos en una sola de las fuerzas políticas representarivas de su interés, produciendose así una acentuada polarización.

El tiempo transcurrido mostró que aquella polarización devino enforzada opción, al tradicional estilo conservador, entre dos agrupaciones, la UCR y el Justicialismo, pese a que entre ambas detuvieron el impulso transformador contenido en los votos mayoritarios del 73.

Ante esa realidad, el Partido Intransigente está más convencido que nunca de la única vía posible hacia la revolución, Por eso propugna y seguirá propiciando la convergencia de las fuerzas revolucionarias, porque esa es la única unidad nacional valedera, la unidad para la liberación.

El SISTEMA EN CRISIS

Nuestro país no vive una crisis particular; la debacle es total en el sistema del que forma parte. Corresponde a la declinación de una forma de vida asentada en la práctica irracional de los más arbitrarios mecanismos de explotación.

La necesidad de ahondar en la comprensión de las dinámicas realidades del presente histórico, aparece como imperativo si se pretende cumplir con la esperanzada tarea de remover los obstáculos hacia el bienestar futuro, ya que muchos fracasos fueron causados por la incomprensión de las fuerzas políticas ante las exigencias de los tiempos o por la preservación de actitudes o mecanismos de organización social superados por el desarrollo humano y social.

La naturaleza del capitalismo es una suma de derroche y desorden. Si bien en cada unidad de producción hay métodos de alta racionalidad para conseguir el máximo beneficio, en la totalidad del sistema lo que predomina es la irracionalidad y el despilfarro. Valga como ejemplo un dato bien conocido: la destrucción de cosechas por razones de orden económico en un mundo donde millones de seres humanos mueren de hambre.

Si la inequidad domina al conjunto, en el plano individual no bastan, en general, la capacidad de sacrificio o de talento para acceder a la mentada "igualdad de oportunidades"; solo el poder del dinero abre las puertas del régimen.

Como resultado, el mundo se estremece por la avalancha de calamidades. El hambre, la corrupción, la desocupación, el alza del costo de la vida, la inflación y la recesión, el analfabetismo, la usura, la discriminación racial y la persecución ideológica son solo algunos de los suplicios que atormentan a millones de hombres en este orden caduco, particularmente en América Latina, Asia y áfrica.

PERFIL DEL RéGIMEN

Así como en la nación hay una minoría que disfruta las riquezas producidas por la comunidad, en el mundo las metrópolis imperiales, con Estados Unidos a la cabeza, alimentan su poderío con la miseria de los pueblos. Para sostener tanta injusticia necesitan de una división internacional del trabajo que contemple sus requerimientos antes que las posibilidades nacionales.

Todo vale para el poder imperial: el bloqueo económico, el chantaje financiero, la compra de dirigentes y partidos, el asesinato, la presión política y hasta la intervención armada, son sus recursos habituales en las áreas bajo su influencia dominante. Santo Domingo y Chile, entre otros, son trágicos rostros del escenario imperialista en América Latina.

No hay dudas, nada puede esperarse del régimen imperante. Ni los inmensos recursos naturales, ni los descubrimientos científico-tecnológicos podrán ser utilizados para provecho del ser humano, mientras los valores distintivos sean:

La maximización de beneficios como única meta de las unidades de producción.

La posesión de las riquezas por parte de individuos que las usufructúan, sin sentido social, haciendo caso omiso de los sufrimientos del pueblo.

La producción sobre la base exclusiva de las ganancias y de la especulación.

La inversión del capital solo en los sectores de mayor rentabilidad, sin ninguna propuesta de desarrollo equilibrado y sostenido.

La oferta y la demanda como elemento regulador de la economía.

La intermediación parasitaria y la existencia de sectores improductivos.

La descontrolada iniciativa que caracteriza al inestable equilibrio del capitalismo.

La explotación de los pueblos en beneficio de algunas potencias.

La concentración del poder de decisión en gigantescas empresas multinacionales.

Los intereses armamentistas que cimentan su progreso en la permanente existencia de focos bélicos.

La coerción y la violencia como réplica a las legítimas demandas de los pueblos y naciones sometidas.

Cada uno de estos rasgos, y todos en su conjunto, están expuestos con brutal crudeza en la realidad cotidiana del mundo. Incluso se han agudizado al producirse durante las últimas décadas la integración del sistema bajo la hegemonía de los Estados Unidos. Lo que significa el control total de los monopolios y la ilimitada expansión de las corporaciones multinacionales. Todo ello, asentado en la apropiación individual del trabajo social, la forma más primitiva y descarnada de explotación.

Sobre la compleja trama de intereses materiales que conforman el poder imperial, se levanta una arquitectura política cultural e ideológica que lo ampara y lo auspicia y es tan opresor como sus formas materiales porque su inteligencia está destinada a justificar la iniquidad y la dependencia. Su propuesta ideológica es hipócrita y escapista porque intenta presentar un mundo ideal, de libertades abstractas y formales, de promesas fraternales para un futuro que nunca llega y de una paz apuntalada por los mercaderes de la guerra.

El propósito es claro: se trata de adormecer conciencias, de apagar toda luz de rebelión, de frenar la lucha por un porvenir mejor.

EL DRAMA NACIONAL

La vida argentina está impregnada de imperialismo; sus estructuras económicas, sociales y culturales infiltradas por la dependencia. Atrapada en el proyecto hegemónico norteamericano y en los intereses de las empresas multinacionales carece de poder de decisión para determinar su propio destino como nación soberana.

La carencia de autonomía para el desarrollo es la causa esencial del drama nacional; por ese motivo sufre una crisis profunda y permanente. Al actuar sobre toda su estructura, esa deficiencia crónica multiplica las expresiones del atraso, tales como las siguientes:

Acentuada desigualdad en la distribución del ingreso nacional.

Desarrollo desigual, lento y descontrolado; presencia de áreas de pobreza en un país pleno de recursos naturales.

Pérdida del poder adquisitivo del salario; inflación creciente e incontenible.

Desocupación, subempleo y graves conflictos laborales; necesidad del doble empleo para subsistir.

Persistencia de latifundios que estancan y disminuyen la productividad agropecuaria.

Industrialización dependiente; importación de tecnología casi siempre inadecuada a nuestras propias demandas de desarrollo.

Lento crecimiento demográfico y vastas porciones desérticas del territorio nacional, sin presencia humana que respalde la soberanía territorial.

Analfabetismo oculto por datos estadísticos que distorsionan la realidad; elevados porcentuales de deserción y repetición en todos los niveles de la enseñanza; desaprovechamiento de los recursos humanos, técnicos y científicos por falta de planificación.

Difusión de enfermedades y muertes por desnutrición; ausencia de un sistema nacional de salud que asegure prestaciones preventivas e igualitarias.

Inestabilidad política originada en el desequilibrio económico social y en la incapacidad de los grupos dominantes para resolver los problemas argentinos.

Retroceso político-económico de Argentina en el mundo y especialmente en América Latina.

Violencia social; terrorismo individual; proscripciones y censuras políticas e ideológicas; destrucción y asesinatos.

Antagonismos inter-sectoriales (ciudad vs. campo, provincias pobres, etc.) nacidos de la especulación y del crecimiento inarmónico.

Debilidad operativa y subordinación logística y tecnológica en la defensa nacional.

Es imposible negar que los datos consignados vienen registrándose desde hace décadas sin resolución alguna. Los problemas de fondo persisten y a medida que pasa el tiempo, la dimensión de la crisis permanente alcanza niveles alarmantes, alejando cada vez más la posibilidad de superar el desastre.

El drama nacional no tendrá nunca final mientras el modelo capitalista-dependiente siga regulando la vida argentina.

El cambio indispensable, claro está, no pasa por la simple modificación de las formas del sistema vigente porque solo se lograría así perpetuar la dependencia.

Tampoco aportará soluciones la formación de un súper poder donde el interés colectivo sea reemplazado por las apetencias de una burocracia totalitaria.

Ni cambios de guardia en el statu quo, ni jerarquías omnímodas para la salvación nacional. El Partido Intransigente demanda la transformación revolucionaria de la Argentina y luchará como siempre por un ordenamiento social en igualdad, justicia y libertad.

EL NACIONALISMO POPULAR REVOLUCIONARIO

Todo proyecto nacional supone una teoría y una práctica política. No basta con negar la existente, se requiere afirmar lo por venir. La revolución nacional importa en primer término una toma de conciencia sobre el agotamiento del modelo capitalista-dependiente, pero al mismo tiempo reclama la reflexión acerca de los medios, del camino de la filosofía para superar el esquema establecido, y construir el nuevo.

En el siglo XX dos grandes movimientos nacionales intentaron profundizar el proceso de liberación. El yrigoyenismo, que produjo una revolución democrática posibilitando la participación de las mayorías populares y el peronismo que realizó su propia experiencia, dando lugar a una trascendente reforma social que ubicó al movimiento obrero organizado al nivel de los otros factores de poder.

Queda pendiente como tarea para este tiempo la tercera etapa de esa línea de resistencia nacional y popular: poner fin a la dependencia y a la dominación oligárquico-imperialista.

Las banderas del nacionalismo popular revolucionario expresan justamente los tres ejes rectores para la actual etapa de lucha:

El nacionalismo vale como expresión de una política antiimperialista, de afirmación de nuestra soberanía nacional y de integración latinoamericana.

Es popular, porque se basa en destruir los mecanismos elitistas del proyecto oligárquico y dar participación a las mayorías, a la vez que garantiza la justicia social.

Es revolucionario porque lucha para quebrar la dependencia, cambiar las estructuras y crear una sociedad nueva, donde serán socializados el poder, la riqueza y la cultura.

La Intransigencia, como expresión del nacionalismo popular que se desarrolla históricamente desde la línea del yrigoyenismo revolucionario, ha asumido la tarea transformadora y creativa de llevar hasta su culminación el proceso de liberación nacional y social.

LAS TRAMPAS DEL ENEMIGO

La experiencia ha demostrado que las fórmulas mágicas no existen; para lograr resultados justos se requiere ante todo políticas justas. No habrá liberación nacional y social sin una acertada

Orientación, una organización eficiente y una política revolucionaria, nacionalista y popular.

La tarea es ardua y el objetivo ambicioso. No podrá cumplirse en un día ni la victoria será fácil. El enemigo es artero, poderoso y posee aún amplio campo de maniobras.

Es posible, a esta altura, identificar algunos de los procedimientos habituales de la coalición oligárquica-imperialista. Hay que alertar al campo popular sobre esas maniobras, cuyo esquema básico suele expresarse mediante:

La presión directa o indirecta de los grupos de poder, locales y foráneos, para limitar, distorsionar y detener la acción de las fuerzas revolucionarias, llegando si es necesario al empleo de la violencia y el genocidio.

La propuesta de falsas soluciones, rotuladas de muy diferentes maneras –desde las falaces "batallas por el autoabastecimiento" hasta las utópicas promesas de "nación-potencia"-, cuyo único objetivo es frustrar una y otra vez la voluntad nacional, para dejarla inerme ante el avance del bloque imperial.

A veces estos procedimientos se benefician de otro tipo de flaquezas. Son las que se originan en el propio campo popular y revolucionario, como consecuencia de la impaciencia, del dogmatismo o de los prejuicios, que inducen a caer en la trampa tendida por los adversarios, con sus falsas opciones y sus interesadas prevenciones. También en estos casos es preciso mantenerse alertas contra las ilusiones equívocas que propician objetivos ideales pero inalcanzables, porque desconocen básicamente la realidad del momento histórico que nos toca vivir.

UNA ESTRATEGIA PARA LA EMANCIPACIóN

Así como el liberalismo económico es la ideología de la dependencia, el nacionalismo popular revolucionario es la ideología de la liberación nacional y social. En sus principios se nutre la estrategia para forjar el proyecto de desarrollo autodeterminado, cuyas características esenciales son:

La participación popular como única manera de garantizar la victoria y respaldar el proceso emancipador.

La ejecución de una política agraria, cuyo inmediato objetivo será evitar que la tierra siga constituyéndose en un bien de renta y especulación, realizando una reforma agraria que elimine el latifundio y el minifundio y haga de la tierra un bien social de producción.

El desarrollo de la industria básica, una política económica exterior independiente y soberana, el aprovechamiento integral de nuestras riquezas naturales, que son fuentes de progreso y desarrollo capaces de neutralizar cualquier intento de bloqueo o chantaje imperialista.

El programa científico-tecnológico que permita retener en el país a los cerebros que hoy emigran; evitar el desangramiento de la economía nacional por la importación de patentes, pago de royalties y otras formas de dependencia tecnológica que no sean útiles para la estructura productiva.

El rescate del acervo cultural de la Nación, adecuado a los avances del pensamiento humano y el reemplazo del egoísmo individual e irresponsable por la filosofía de la solidaridad social que garantiza la realización del individuo.

La integración latinoamericana, sobre la autodeterminación de cada nación, para enfrentar las políticas imperiales y realizar en común las tareas de la emancipación en la Patria Grande, como lo quisieron los fundadores de la América Libre y en base a la común oposición a toda forma de dominio.

En la sociedad a la cual aspiramos sus actividades serán planificadas para que la producción y la riqueza tengan un carácter social, partiendo del reconocimiento de que su origen es el trabajo creador de la comunidad. Solo así será posible que el trabajo deje de ser un modo de servidumbre y alienación para convertirse en una actividad liberadora y socialmente útil

EL PUEBLO COMO PROTAGONISTA PRINCIPAL

La estrategia para la liberación nacional se fundamenta en la movilización integral de la capacidad humana, porque no hay mejor seguro contra el burocratismo, el reformismo estéril y los ciegos extremismos que la participación del pueblo.

Despertar la participación política colectiva es un principio que debe ser aplicado en todas las instancias, desde la producción y la cultura, hasta la administración pública y las organizaciones sociales. En la sociedad que proponemos los hombres deberán ejercer directamente o con el mínimo de intermediación, todas las formas de participación en las escalas económicas, sociales, políticas y culturales. Un ordenamiento social justo exige destruir todos los privilegios y tener conciencia de que perder un privilegio no es sacrificar un derecho sino restablecer la presencia de una justicia que siempre debió ser respetada.

Esta participación debe comenzar desde el mismo momento de la lucha liberadora. Ningún país es fuerte si la mayoría de sus habitantes no se interesa en la defensa de la soberanía y la integridad nacional. El Estado no es el Estado-gendarme, que reprime y castiga, sino el estado que se apoya en un sólido frente interno y en una sana economía.

El primer deber del Estado, por consiguiente, es garantizar a cada ser humano la seguridad de ser dueño de su propio destino, sin que su origen social o herencia económica constituyan una limitación. El grado de voluntad y de inteligencia, la personalidad de cada ser humano serán certificado suficiente para tener derecho a la educación, al trabajo, a la cultura y ala salud, en el marco de una sociedad igualitaria donde los intereses de grupo queden subordinados a los intereses sociales.

CONFLUENCIAS NECESARIAS Y POSIBLES

En el vacío político o en el vacío social no puede formularse, ni mucho menos realizarse, ningún plan transformador. Lo primordial es asegurar la participación protagónica del pueblo y la colaboración leal entre las fuerzas revolucionarias.

La historia contemporánea demuestra que si bien los trabajadores, como agentes activos de la producción, son el motor de todo proceso de liberación, no se puede instrumentar un proyecto nacional revolucionario –y con mayor razón en Argentina por sus estructuras sociales- sin el concurso de los sectores medios, los pequeños y medianos empresarios y sin la coincidencia del poder político, el poder económico, el poder social y el poder militar unidos en la defensa de los objetivos nacionales determinados por la voluntad popular.

La convocatoria de la hora incluye a todas las fuerzas realmente interesadas en la revolución nacional, para que confluyan hacia un gran movimiento popular que expresa la continuidad histórica del yrigoyenismo y del peronismo y sea la síntesis de la tercera etapa de afirmación popular. A partir de los intereses comunes, dejando de lado las formas para atender a los principios, el movimiento nacional, popular y revolucionario conquistará y realizará el proyecto nacional y el nuevo modelo de sociedad que nos libere definitivamente.

Existen convergencias programáticas que ya ofrecen alternativas ciertas para la coincidencia. No se trata de una mera recopilación documental y libresca, sino la observación lisa y llana de lo ocurrido en las últimas confrontaciones electorales. Más del 80 por ciento de los ciudadanos depositaron su confianza en promesas programáticas de distintas fuerzas políticas que eran coincidentes en su visión de futuro.

Frente al incumplimiento del programa es imperativo aglutinar las fuerzas populares a fin de garantizar la concreción de los objetivos fijados.

¿CUáL LEGALIDAD INSTITUCIONAL?

Es cierto que la revolución nacional y popular será ante todo una revolución argentina, sin retóricas ni modelos importados.

Por lo tanto, sus instituciones y sus mecanismos de cambio tendrán que sustentarse ante todo, en las características propias del ser nacional.

Resulta indispensable introducir modificaciones importantes en los criterios imperantes. No basta hablar de instituciones o legalidad, como hacen algunos, para garantizar la justicia social y el desarrollo. Mencionarlas en el vacío, sin darles un contenido concreto, lo único que logra es desprestigiar a esas instituciones y a esa legalidad.

La mera legalidad formal es tan vacua como su inexistencia; para lo único que sirve es para justificar la subsistencia del régimen capitalista-dependiente. Si la legalidad no sirve para construir la independencia económica, política, social y cultural, pierde su legitimidad, se convierte en una fórmula abstracta, sin ningún valor. Si en lugar de estimular la liberación, consolida las formas de injusticia, la legalidad se convierte en un instrumento de opresión. Con esa legalidad retaceada, deformada, yerma, se engendra la violencia que termina por arrasar con todas las instituciones.

El Partido Intransigente define a la institucionalidad por su condición revolucionaria, sin maniqueísmos ni estridencias. Su convicción es que la violencia y la injusticia son dos caras de una misma situación y por lo tanto inseparables. No es cuestión, entonces, de ser más violentos o más injustos que el propio sistema. El más efectivo remedio es cegar la fuente de la violencia y de la injusticia, es decir, ponerle fin al régimen capitalista-dependiente.

Como lo quiso Yrigoyen, en precursora definición de lo que hoy es conciencia en el Tercer Mundo, luchamos por un mundo donde "los hombres sean sagrados para los hombres y los pueblos para los pueblos".

La participación popular, el nacionalismo económico, la justicia social y la integración latinoamericana, son los pilares de la anhelada nueva sociedad, construida en función de nuestras mejores tradiciones, de las experiencias, del momento histórico, de las estructuras productivas y del equilibrio y dinámica de las fuerzas actuantes. El programa de la Intransigencia, con el pueblo de protagonista, es una bandera de lucha por el porvenir.

EL PROGRAMA CONTRA LA DEPENDENCIA Y POR LA LIBERACIóN

Un programa político no es la mera enunciación de objetivos ideales que luego en la práctica se desnaturalizan u olvidan. Es mucho más que eso; ante todo es una respuesta a la situación que se quiere modificar y por lo tanto, es una bandera de lucha.

Para ello se requiere conocer el perfil de cada elemento de esta sociedad en la dependencia. A partir de esa realidad se esbozan proyectos reales para la liberación, que son reivindicaciones actuales y tareas futuras para el nuevo Estado y la nueva sociedad. Con ese criterio, el Partido Intransigente expone al pueblo su plataforma programática que es también su compromiso de lucha y su promesa de realizaciones.

EL ESTADO

EN LA DEPENDENCIA

Como expresión del sistema capitalista-dependiente es un instrumento coercitivo; padece de un burocratismo paralizante que lo ha convertido en un deficiente administrador y no actúa en función de una política de desarrollo autodeterminado.

PARA LA LIBERACIóN

Será nacional, revolucionario y asegurará e implementará formas de plena participación popular.

Garantizará el respeto de los derechos humanos, políticos y sociales.

Se instrumetará sobre la base de la democracia representativa, reconocerá el pluralismo ideológico e incorporará formas de participación popular directas.

Facilitará a cada persona el acceso a los medios indispensables para ser artífices de la propia vida, sin limitaciones de origen social o económico.

Dirigirá y orientará las inversiones, procurando un más rápido y armonioso crecimiento de la infraestructura y la capacidad productiva de la economía.

Ejecutará políticas de descentralización y regionalización en los más diversos niveles, para lograr la efectiva integración económica y territorial y la vigencia real del federalismo.

Afirmará la autonomía política, económica y social de la comuna como célula básica de la administración pública.

Establecerá la función social de la propiedad, subordinándola al bien común.

PARTICIPACIóN POPULAR

EN LA DEPENDENCIA

La ausencia de organizaciones que canalicen la participación directa y el control de los actos de gobierno, conjuntamente con los restantes males de la dependencia, son causas que han concluido por profundizar y generalizar los conflictos hasta límites de extrema disociación social.

Esta situación, que niega un derecho adquirido por el pueblo en su larga lucha por la igualdad, hace imperativo superar los intereses de privilegio, para alcanzar una más efectiva y creciente participación popular, en pro de un sólido frente interno que asegure el proceso de liberación nacional.

PARA LA LIBERACIóN

Democratizará la vida sindical introduciendo prácticas que aseguren el control y la participación real de los trabajadores en las actividades gremiales.

Asegurará la existencia de Partidos Políticos e implementará mecanismos de participación directa por parte de sus afiliados.

Dará participación a los trabajadores en la gestión empresaria, tanto estatal como privada.

Hará efectiva la presencia de los productores y los trabajadores en los organismos de planificación y comercio exterior.

Facilitará las organizaciones comunitarias y barriales para que actúen en defensa de sus derechos, en el control de los servicios públicos y en campañas de salud, educación y bienestar.

PLANIFICACIóN NACIONAL

EN LA DEPENDENCIA

El país crece, pero desordenadamente, sin una orientación definida que le de sentido de futuro y estímulo a la mayoría de sus habitantes. El desarrollo relativo es inarmónico, desigual, inestable y desequilibrado como consecuencia de una estructura económica sujeta a las ambiciones de un grupo de empresas o sectores, los que se guían por el exclusivo interés de ampliar constantemente su rentabilidad, aún a costa del porvenir nacional.

PARA LA LIBERACIóN

La planificación económico-social será obligatoria para los sectores públicos y privados, a fin de garantizar el desarrollo integrado.

Basará su esquema de acción en mecanismos de consulta y decisión colectiva que aseguren la participación dinámica y permanente de todos los sectores incluidos o interesados en el proceso de planificación nacional.

Definirá la áreas y sectores de la producción a cargo del Estado y los que corresponden a la actividad privada nacional o extranjera, para que ambas –estatal y privada- puedan desenvolverse con estabilidad y provecho para el conjunto nacional.

Orientará las inversiones públicas –el factor más activo y dinámico del desarrollo- hacia aquellos sectores que permitan el crecimiento acelerado, independiente y armónico de la economía nacional.

Evitará la degradación del medio ambiente, protegerá las reservas naturales y alentará todo esquema social que no tenga al consumo como único acto protagónico de la vida colectiva.

Practicará un sistema de estímulos y emulación para incorporar más rápidamente a las normas de planificación a los productores, los trabajadores, los organismos y las unidades de producción.

Rechazará todo esquema centralizador o verticalista para su elaboración y ejecución, porque ello supone un serio riesgo de burocratización en la medida que limita el interés, la creatividad y la respuesta activa del conjunto económico-social.

Propenderá a la descentralización operativa de las regiones geo-económicas.

CAPITAL EXTRANJERO

EN LA DEPENDENCIA

Desde 1957 a la actualidad, la liquidación de obligaciones financieras exigió egresos por valor de 3.510 millones de dólares, mientras que los ingresos netos de capital alcanzaron a 547,7millones. Por lo tanto, por cada dólar ingresado al país salieron 6,5 para saldar deudas anteriores. Entre 1970 y 1974 los servicios financieros con el exterior superaron en 42 veces el financiamiento externo recibido. Además, su acción limita directa o indirectamente la autodeterminación nacional en la medida que busca solamente acrecentar su interés particular; acentúa la deformación geopolítica del país y sostiene, como columna principal, el régimen capitalista-dependiente.

PARA LA LIBERACIóN

Será canalizado hacia aquellos sectores que permitan su óptima utilización, en áreas predeterminadas por el Estado de acuerdo a las condiciones que este fije.

SISTEMA FINANCIERO, BANCARIO Y TRIBUTARIO

EN LA DEPENDENCIA

Las radicaciones de capital extranjero en los sectores productivos son casi inexistentes, predominan las transacciones financieras de corto plazo y los créditos comerciales destinados a financiar la importación de bienes de capital y los préstamos ya obtenidos. La incapacidad

funcional del Banco Central y de las instituciones oficiales de crédito, el desorden del régimen impositivo, agobiante y plagado de injusticias, desalientan al inversor y al ahorrista de nuestro país y favorecen la inversión especulativa y las maniobras de la usura y del contrabando. No hay control ni represión eficaz de la fuga de divisas; diversos son los mecanismos por medio de los cuales las empresas extranjeras sacan ilegalmente, divisas del país. Por ejemplo: sobrefacturación de las importaciones; subfacturación de las exportaciones; exageración de los gastos de servicio, de los gastos de publicidad y de los gastos de patentes; falsas facturaciones de compraventa; falsas amortizaciones y falsas nuevas inversiones. Solo en materia de sobrefacturación de las importaciones, los cálculos disponibles indican que en los últimos tres años se ha evadido la impresionante suma de 2.400 millones de dólares, alcanzando el porcentaje de la maniobra algunos "picos" de sobresalto: 70 por ciento en enero y 74 por ciento en febrero de 1974.

PARA LA LIBERACIóN

Serán estatizados la banca, el crédito y el seguro, con excepción de los fondos movilizados por el sistema de crédito auténticamente cooperativo.

El Banco Central tendrá a su cargo en forma exclusiva y excluyente la tenencia y negociación de divisas. Las transgresiones serán penadas severamente.

En materia de inversión y crédito ocuparán la atención prioritaria los siguientes rubros: agropecuarios, extractivos y mineros, incremento de las disponibilidades energéticas, desarrollo integral y autónomo de las industrias de base, actividades e industrias de bienes exportables, construcción de viviendas e industrias productoras de bienes de consumo esenciales para la población y todo otro rubro contemplado por la planificación nacional.

Para conseguir la plena disponibilidad de los recursos bancarios y financieros se desalentarán las actividades rentísticas e intermediarias y se eliminará toda forma de actividad usuraria, por tratarse de ocupaciones socialmente inútiles y parasitarias.

Se orientarán los créditos a las actividades de los sectores auténticamente cooperativos.

La política fiscal actuará como instrumento de reajuste estructural y de redistribución del ingreso nacional.

El régimen tributario será modificado, eximiendo al trabajo y al consumo popular y se instrumentará sobre la base de criterios prácticos y equitativos.

Eliminará progresivamente los impuestos indirectos, sustituyéndolos por los que gravan a la renta y a los patrimonios.

Defenderá, como cuestión de interés nacional, el poder adquisitivo de la moneda.

COMERCIO EXTERIOR

EN LA DEPENDENCIA

En los últimos cuarenta años la participación de nuestro país en el comercio internacional pasó del 3 al 0,4 por ciento del total mundial. Una visión dramática de esta realidad la da la constatación de que mientras hace 50 años exportábamos un promedio de 300 dólares por habitante, actualmente apenas superamos los 80.

El manejo comercial de la producción argentina exportable padece de un alto grado de concentración, a lo que se suma el origen foráneo de algunas empresas; todo esto atenta contra la autonomía nacional porque no hay ninguna traba que impida las maniobras monopólicas en la negociación de las exportaciones.

Es posible afirmar que esta intermediación absorbe 640 millones de dólares anuales. Por fin el deterioro en los términos del intercambio (el país vende su producción cada vez más barato y compra las manufacturas e insumos industriales cada vez más caros) opera como una bomba de

succión de las riquezas y los esfuerzos argentinos.

PARA LA LIBERACIóN

Será nacionalizado en todas sus etapas hasta su destino final , mediante la intervención de un ente que se integrará con representantes del Estado y los productores, organizados en forma tal que se asegure su auténtica representación, en concordancia con los objetivos fijados por la planificación nacional.

Fomentará la captación de nuevos mercados y la expansión de los existentes, tanto para nuestros productos tradicionales como para las manufacturas no tradicionales.

Suscribirá acuerdos bilaterales y multilaterales de mediano y largo plazo para colocar regularmente los excedentes de nuestra producción a precios remunerativos.

No aceptará ninguna barrera levantada por razones de orden político o ideológico.

Promoverá la integración económica latinoamericana.

COMERCIO INTERIOR

EN LA DEPENDENCIA

La intermediación innecesaria y muchas veces de mero "pase", rebaja la ganancia del productor y encarece artificialmente el precio de venta al consumidor.

En el rubro hortalizas, por ejemplo, la participación del productor se reduce al 8 por ciento del precio de venta al consumidor; el 92 por ciento restante se distribuye entre intermediarios.

La monopolización de algunas áreas, además, provoca distorsión del mercado y alzas especulativas del costo de productos de primera necesidad.

PARA LA LIBERACIóN

Promoverá las cooperativas de producción, distribución y consumo y creará mercados de concentración urbanos y regionales que asegurarán el abastecimiento de la población, sin la influencia de la intermediación parasitaria y de las maniobras monopólicas.

Creará un fondo compensado para productos agropecuarios, a fin de asegurar mercados y precios mínimos a los productores.

La especulación y las maniobras de desabastecimiento serán severamente penadas.

Penará con todo rigor a quien destruya la producción para elevar los precios.

POLíTICA EXTERIOR

EN LA DEPENDENCIA

La orientación de la política exterior se ha caracterizado desde hace décadas por la falta de un rumbo cierto, afín con los intereses nacionales. Sus rasgos más salientes son: dependencias de los centros externos del poder; carencia de una clara afirmación de soberanía en los conflictos limítrofes, en los Mares del Sur, Territorios Antárticos e Islas Malvinas; ambigua y contradictoria participación en los organismos internacionales; dubitaciones y retrocesos en el tratamiento de cuestiones vitales, en especial las referidas a la energía y cuencas hidrográficas; ausencias de

políticas o actitud directamente prescindente frente a los procesos emancipadores del Tercer Mundo; aceptación intermitente de fronteras ideológicas trazadas por la geopolítica imperial.

PARA LA LIBERACIóN

En aras del interés nacional se afirmarán:

La soberanía

La seguridad

El desarrollo independiente

Se opondrá activamente a todas las formas de imperialismo y apoyará los movimientos de liberación tendientes a abolir el colonialismo y el neocolonialismo en todas sus manifestaciones.

Respaldará la integración latinoamericana y la interacción con todos los países del Tercer Mundo.

Revisará y denunciará los convenios, tratados y acuerdos internacionales cuando contradigan, se opongan o entorpezcan el interés nacional y los fines de la integración latinoamericana.

Promoverá la creación de un organismo latinoamericano en sustitución de la OEA.

Apoyará el Sistema Económico latinoamericano (SELA)

Definirá soluciones inmediatas y categóricas con respecto a las Islas Malvinas, cuencas hidrográficas e integridad territorial.

RéGIMEN DE TIERRA

EN LA DEPENDENCIA

Latifundios improductivos, capitales inmovilizados, minifundios cuya superficie es incapaz de proveer a un nivel de vida medianamente digno. La tierra constituye un bien de especulación y no de producción. Es el símbolo de status social por excelencia. El régimen de propiedad indica, según datos de 1975 del Consejo Agrario Nacional, que en la provincia de Bs. As. hay 60.455 propietarios para 2.049.206 hectáreas, en tanto que 15.068.863 hectáreas (más del 50% del total productivo) están en manos de 6.075 propietarios terratenientes.

La mayoría de las tierras permanecen ociosas o su producción está muy por debajo de su capacidad potencial. La zona pampeana, que es la que concentra la riqueza agrícola y un 80% de la producción ganadera, apenas tiene bajo cultivo un 38% del total de la tierra censada. En general, el uso del suelo en nuestro país es muy deficiente, estimándose que más de la mitad de la tierra se explota en forma inadecuada. Hoy, con más del doble de población que cuarenta años atrás, se destina menos superficie que entonces a la siembra de trigo y maíz. A esta situación debe sumársele la baja productividad, que comparada con la de otras partes del mundo, pone de manifiesto el retraso nacional: trigo, Argentina 1.300kg. por hectárea, Europa 4.000kg.; maíz, Argentina 2.400kg., Estados Unidos y Canadá 5.000kg. Estas realidades demuestran que la incorporación de tractores y maquinaria agrícola efectuada en los últimos años no incrementó la superficie sembrada ni la productividad, ya que la simple tecnificación es insuficiente para solucionar el problema agrario, que no hay salida mientras se mantengan los patrones tradicionales de tenencia de la tierra y se continúe determinando en forma incorrecta el precio final que percibe el productor. Al encontrarse atrapados por una estructura agraria congelada y dependiente, los pequeños y medianos productores, a pesar de su eficiencia y reconocida aptitud, se ven en la imposibilidad de incrementar la producción y la productividad. Además, la intermediación parasitaria encadenada, tolerada por funcionarios del Estado, se apropia de elevadísimos porcentajes del precio final, dejando al productor una ínfima parte. Mientras tanto, no existe ordenamiento en la producción, se despilfarra lo producido y no se trazan planes de mediano y largo plazo.

Falta infraestructura de extensión suficiente para asistir a la mayoría de los productores. La mano de obra es migratoria o golondrina por falta de oportunidades de trabajo permanente en

las distintas regiones. Los minifundistas están obligados a realizar tareas fuera de su explotación en trabajos temporarios, por salarios magros y sin que se hagan efectivas las leyes que amparan al trabajador rural. Se advierte la atomización de la oferta de productos por ausencia de organizaciones cooperativas que garanticen una comercialización justa para el pequeño y mediano productor frente a una demanda oligopólica poderosa.

PARA LA LIBERACIóN

Se realizará la reforma agraria para eliminar el latifundio y el minifundio y para introducir prácticas que concurran al financiamiento del desarrollo y al incremento de los niveles de productividad.

Se facilitará el acceso a la tierra únicamente al auténtico productor, mediante la entrega en propiedad y en otras formas de explotación.

Adoptará un régimen legal específico encuadrado en el Derecho Agrario y diferenciado del Derecho Civil, que instituya y caracterice la propiedad rural.

Ordenará la producción según las características ecológicas de cada región y aumentará las posibilidades de almacenamiento, para poder hacer frente a una política de reservas que permita comercializar oportunamente la producción agraria en función de la demanda y de los precios internacionales.

Según las regiones, serán determinadas las extensiones óptimas de las unidades de producción y se implementarán medidas para agrupar minifundios en unidades de máxima eficiencia, para colonizar tierras fiscales y privadas improductivas y para modificar el régimen de arrendamientos rurales en beneficio del trabajador de la tierra.

Asegurar el dominio de los inmuebles ubicados en las fronteras en personas físicas de nacionalidad argentina.

Prestará asistencia crediticia a quienes carecen de capacidad financiera para introducir los cambios tecnológicos en sus explotaciones, mediante el crédito de fomento supervisado.

Modificará el sistema de comercialización para impedir el despilfarro de la producción y garantizarle al productor los márgenes de que actualmente se apropia la intermediación parasitaria.

Se impedirá, mediante legislación adecuada, la utilización de la tierra como bien de renta o de especulación, aplicando el impuesto a la renta normal potencial de la tierra.

Propiciará el asesoramiento técnico y la capacitación.

Fomentará el movimiento cooperativo y le dará acceso al comercio interior y exterior de la producción.

Apoyará las organizaciones representativas de los pequeños y medianos productores para impulsar el proceso transformador de las estructuras agrarias.

RéGIMEN INDUSTRIAL

EN LA DEPENDENCIA

La progresiva desnacionalización y vaciamiento de empresas de origen nacional, es una de sus principales características. Otras son: el estancamiento de la producción, la profundización de los desequilibrios regionales, la pérdida de mercados y el dificultoso ingreso a los nuevos, la carencia de apoyo crediticio y de promoción regional; o lo que es casi lo mismo, lentísima aplicación de programas trazados.

PARA LA LIBERACIóN

Impulsará el crecimiento orgánico de la industria básica con vistas a quebrar la relación de dependencia con los proveedores imperiales.

Las industrias básicas y estratégicas quedarán reservadas al Estado.

Reactivará las industrias de interés nacional y fomentará la pequeña y mediana empresa.

Recuperará de inmediato las empresas que han sido desnacionalizadas por el capital internacional.

Dotará a las empresas estatales de estructuras racionales y eficientes, de moderna tecnología y de capacidad competitiva y reguladora en las áreas en que actúen.

Redistribuirá y promoverá la radicación industrial con criterio regionalista e incorporará tecnología moderna en la pequeña y mediana empresa.

Mediante la asociación de capitales estatales promoverá la creación de empresas translatinoamericanas, con el objetivo de lograr la explotación conjunta de los recursos naturales.

RéGIMEN LABORAL

EN LA DEPENDENCIA

El deterioro del salario real, la participación cada vez menor del trabajador en la distribución de la riqueza que produce, el desempleo y el elevado costo de vida, son algunos de los flagelos del mundo laboral. En sus organizaciones gremiales, entre tanto, no siempre se encuentra una desinteresada y eficaz defensa de los intereses profesionales, debido al uso que hacen de esas entidades algunas cúpulas sindicales, más interesadas en solventar rencillas partidarias o atender a su beneficio personal que en sostener la legítimas reivindicaciones de sus bases.

PARA LA LIBERACIóN

Auspiciará la reforma de la empresa para garantizar:

El reajuste automático de sueldos y salarios.

La cogestión obrero-empresaria.

La autogestión laboral.

Fijará la política de ingresos mediante la compatibilización del incremento de la productividad, las utilidades empresarias y la participación obrera, según las normas de la planificación nacional.

La afiliación sindical será automática y las bases tendrán a su disposición los mecanismos necesarios que le permitan ejercitar el derecho de revocar el mandato conferido a sus dirigentes.

Ningún cargo representativo sindical podrá ser ocupado sino mediante elección por voto secreto y obligatorio.

Las direcciones de los organismos previsionales se integrarán con auténticos representantes de los trabajadores, tanto de los que están en actividad como los pasivos.

La mecanización industrial y la incorporación de tecnología se realizarán sin disminuir las fuentes de trabajo.

CIENCIA Y TéCNICA

EN LA DEPENDENCIA

El país destina escasamente el 0,4% del producto bruto interno a la ciencia y la tecnología. No solo Europa, Estados Unidos y Canadá atraen a los científicos y los profesionales argentinos.

También Brasil, Venezuela y México absorben a muchos cerebros nacionales que se marchan decepcionados por la lamentable situación en que se encuentran en nuestro propio país. Mientras tanto, el país paga más de 150 millones de dólares anuales por la tecnología importada de los centros imperiales.

PARA LA LIBERACIóN

Mediante el control de un ente específico integrará un sistema Científico y Tecnológico Nacional, orientado hacia el desarrollo económico social independiente, en donde estará debidamente valorado el papel vital del investigador, otorgándole dedicación exclusiva y equipamiento indispensable en centros regionales, universidades y unidades de producción.

Desarrollará tecnologías propias, basadas en la máxima y racional utilización de los recursos disponibles.

Buscará la apropiación de la tecnología necesaria para los requerimientos nacionales.

El agro y la industria proveerán los fondos destinados a la inversión nacional en ciencia y técnica.

SALUD

EN LA DEPENDENCIA

La situación general es alarmante, se observa un aumento injustificado del riesgo de enfermar o morir, así como altos índices de morbimortalidad materno-infantil.

La generalidad de la población no tiene acceso a una atención médica científica igualitaria, completa y oportuna. La validez de esta aseveración se comprueba al observar la más que deficiente distribución nacional del personal médico. En Capital Federal se dispone de 61 médicos por cada 10.000 habitantes, mientras que existen áreas rurales donde hay 5 médicos para igual cantidad de habitantes. Los servicios hospitalarios son ineficaces e insuficientes. El promedio de 9 camas por cada mil habitantes en Capital, desciende a 3 para igual cantidad en Formosa y Misiones. El resultado es que, en provincias como Santiago del Estero, el 38,1% de las muertes se produce sin previa atención médica, al igual que el 44,9% de los nacimientos.

Las prestaciones sanitarias se han convertido en una mercancía que se brinda con fines de lucro y que resulta de difícil acceso, de la misma manera que los medicamentos, cuya distribución solo está orientada a satisfacer los intereses de los grandes laboratorios.

La miseria hace estragos y reaparecen plagas y enfermedades supuestamente erradicadas, como consecuencia de las terribles condiciones de vida. En el conurbano bonaerense el 68% de la población carece de agua corriente y el 82% no dispone de servicios cloacales.

Finalmente, tampoco la planificación sanitaria es adecuada y no contempla las necesidades nacionales ni regionales.

PARA LA LIBERACIóN

Se organizará un Sistema Nacional Integrado de Salud que brindará atención sanitaria completa e igualitaria para que el pueblo goce de los beneficios de la medicina preventiva, reparadora y de rehabilitación.

Eliminará las desigualdades con que se brinda la atención médica a los distintos estratos sociales, a las diversas provincias y a las áreas rurales, mediante la redistribución y el aumento de los recursos humanos y técnicos en las zonas postergadas.

Orientará los recursos disponibles con criterio regional, según las prioridades dictadas por la frecuencia y el tratamiento de las enfermedades.

Pondrá en práctica el Historial Personal de Salud y el examen periódico, preventivo y obligatorio de la población, así como impulsará la educación sanitaria en todos los estratos sociales.

Complementará la financiación de la atención médica a través de un Seguro Nacional de Salud.

EDUCACIóN Y CULTURA

EN LA DEPENDENCIA

La enseñanza no da respuesta a las exigencias de un país moderno.

La igualdad de oportunidad es una falacia que excluye a los sectores de insuficientes ingresos: los alumnos que son hijos de familias obreras representan el 1,1% del total de inscriptos en la Universidad de Buenos Aires, el 1,4% en Córdoba y el 4,1% en Tucumán. La población analfabeta de más de 18 años de edad en el año 1971 era de 1.774.400 personas. Los porcentuales de deserción escolar son más que alarmantes en todos los niveles:

Primario, 55%. Medio 48,2%.

Técnico, 72,6%. Universitario, 60%.

No existe encausamiento de los graduados técnicos y universitarios para cubrir racionalmente las necesidades del país, lo cual estimula el éxodo de cerebros y se mal paga a los docentes, manteniendo todo el sistema educativo y cultural al margen del quehacer nacional.

PARA LA LIBERACIóN

Asegurará el acceso a la enseñanza gratuita en todos los niveles y modalidades, sin limitación alguna, adecuando el desarrollo de los programas a las necesidades regionales.

Planificará la enseñanza para orientar las vocaciones hacia las reales necesidades del desarrollo nacional, asegurando la educación permanente.

Implantará en la Universidad el gobierno tripartito y mantendrá un permanente intercambio cultural con los países de América Latina.

Fomentará el compromiso hacia el trabajo y la comunidad, combinando las actividades intelectuales con las productivas y comunitarias en todos los niveles y modalidades de la enseñanza.

Impulsará la práctica masiva de programas de educación física, deportiva y de recreación.

Con apoyo del magisterio y del movimiento estudiantil erradicará todas las manifestaciones de analfabetismo que aún perduran.

El Estado proveerá los medios necesarios para asegurar las manifestaciones culturales que transmitan los valores de la nueva sociedad, sin interferir en la actividad personal y la libertad de expresión.

Utilizará los medios de comunicación masiva para divulgar y arraigar entre los pobladores de todo el territorio los auténticos valores de la educación y la cultura nacionales, sin que ello implique aislarse de las manifestaciones no comerciales procedentes de otras latitudes.

Los mecanismos de la publicidad comercial serán regulados para evitar la distorsión del consumo, la creación de necesidades superfluas y las deformaciones culturales.

FUERZAS ARMADAS

EN LA DEPENDENCIA

Como el país del que forman parte, las fuerzas armadas también están condicionadas a las estructuras que mantienen nuestra situación dependiente. La aceptación de una pretendida política de defensa del hemisferio acentúa su subordinación logística y tecnológica del exterior.

PARA LA LIBERACIóN

Las fuerzas armadas, identificadas con la tradición libertadora sanmartiniana, asumirán su papel insustituible en el campo de la defensa nacional.

Comprometerán toda su capacidad espiritual y material en la defensa del patrimonio de la Nación, participando activamente en el esfuerzo común para construir un país que termine con los lazos de la dependencia.

Sumarán su propio poder al poder del pueblo y se empeñarán en la inevitable lucha contra el imperialismo y por la liberación nacional y latinoamericana.

Se organizarán y capacitarán en la dimensión que exige el país, dotadas de equipos modernos y eficientes y provistas de todo lo necesario para el cumplimiento de sus misiones, sin dependencias en cuanto a tecnología y materiales críticos.

Continuarán su participación a través de organismos específicos en la ejecución de proyectos relativos a recursos materiales críticos y estratégicos, afirmando el poder de decisión nacional.

POLíTICA DEMOGRáFICA

EN LA DEPENDENCIA

Actualmente existen territorios desiertos al lado de conglomerados abusivos: solo el Gran Buenos Aires contiene el 36% de la población en el 0,1% de la superficie, mientras la Patagonia alberga al 3% de la población en el 28% de la superficie.

El desequilibrio demográfico entre las distintas provincias es producto de los diferentes ritmos de crecimiento de las economías regionales, con lo cual algunas provincias son expulsoras de población mientras que otras se convierten en polos de atracción. Tucumán, Entre Ríos, Chaco, Catamarca y La Rioja son las más afectadas por las emigraciones masivas y crecientes.

PARA LA LIBERACIóN

Basará sus decisiones en el principio de que los seres humanos son el bien más importante de la Nación y que sus cualidades físicas y mentales constituyen el principal objetivo estratégico del Estado.

Estimulará el crecimiento acelerado y multiplicador de la población.

Consolidará la integración territorial mediante la creación de incentivos que aseguren la presencia humana en las fronteras y en los grandes espacios vacíos de la Nación.

Fomentará la inmigración y facilitará las condiciones para la integración de los extranjeros, en particular de aquellos que provengan de países limítrofes y residan en zonas fronterizas.

VIVIENDA Y URBANISMO

EN LA DEPENDENCIA

El crecimiento de los centros urbanos es anárquico y antieconómico. Loa parcelamientos responden a criterios especulativos que hacen dificultosa la construcción de redes de equipamiento y servicios públicos, que incluyen agua corriente, cloacas, pavimentos, electricidad, teléfonos y transportes; al mismo tiempo hay un acelerado retroceso de espacios verdes de uso comunitario. Se suma a todo ello el déficit de vivienda que castiga especialmente a las capas menos pudientes. Los datos sobre distribución del déficit según el status socio-económico así lo indica: clase alta (sin déficit), clase media (20%) y clase de más bajos ingresos (80%), es decir hacen falta en este sector más de un millón y medio de viviendas. Los planes oficiales son ineficienes o directamente no se cumplen, alejando la posibilidad de la vivienda propia.

PARA LA LIBERACIóN

Implementará políticas urbanísticas que establezcan una racional utilización del suelo, eliminando los intereses inmobiliarios y especulativos, para garantizar una auténtica planificación urbana y regional que organice racionalmente, desde una perspectiva popular, la distribución del espacio destinado a la vivienda, salud, educación, trabajo, recreación y defensa del medio ambiente.

Con la participación del Estado y los propios interesados implementará un vasto plan de construcción masiva de viviendas familiares.

El Banco Hipotecario Nacional controlará todos los recursos financieros –estatales y privados- necesarios para el Plan de Viviendas Urbanas.

Implementará sistemas de inspección para asegurar idoneidad técnica y precios razonables en el sector privado de esta industria.

RECURSOS NATURALES

EN LA DEPENDENCIA

Se explotan irracionalmente sin permitir la recuperación de las especies útiles. El manejo inadecuado de los suelos y el desconocimiento y desinterés por la aplicación de prácticas conservacionistas, han facilitado la acción de procesos erosivos, agotamientos, degradación y acentuación de las deficiencias hídricas y eólicas. Otro tanto sucede con el despilfarro del agua en zonas de riego o la salinización de grandes extensiones por falta de asesoramiento.

En materia de silvicultura, la situación es igualmente catastrófica. A principios de siglo los bosques naturales argentinos excedían las 100 millones de hectáreas, en tanto que hoy apenas si alcanzan a 40 millones, sin que se adviertan planes serios de reforestación. La explotación de los bosques en forma indiscriminada ha traído como consecuencia que algunas provincias hayan sido totalmente devastadas. Los ríos están siendo contaminados por los desechos industriales, sin que haya una política que impida tal proceso, así como se carece de políticas mineras que garanticen el autoabastecimiento de productos de origen mineral. La riqueza ictícola es explotada preferentemente por corporaciones extranjeras, dejando para nuestro país gabelas insignificantes. La misma falta de iniciativa se observa para la aplicación de una política de recursos hídricos que garantice nuestros derechos sobre la Cuenca del Plata y para la aceleración en el uso de los recursos hídricos cordilleranos.

PARA LA LIBERACIóN

Aumentará la productividad de los sectores agrario, forestal, pesquero y minero para concurrir con su producción al financiamiento del desarrollo.

Serán estatizados los procesos de extracción, industrialización, comercialización y transporte de los recursos energéticos y de los minerales básicos y de interés nacional.

Serán relevados los recursos de todo tipo, en especial los del subsuelo, las aguas y la vegetación para determinar su capacidad productiva, como base para el ordenamiento del uso y manejo de tales recursos.

Defenderá el medio ambiente mediante la explotación racional de los recursos naturales, sean animales, vegetales o de otro tipo.

Implementará planes de conservación y manejo de suelos afectados por erosiones hídricas y eólicas.

Se ampliarán las áreas de riego mediante la utilización racional del potencial hidrológico del país, aprovechando en particular los embalses construidos con fines energéticos para promover la piscicultura interior y la expansión de las áreas regadas.

Los recursos pesqueros marinos serán explotados de tal manera que garanticen la extensión del consumo de proteínas de dicho origen en la dieta de la mayoría de nuestra población. La industria pesquera será descentralizada para promover el desarrollo patagónico y se creará la infraestructura de frío que alcance a todo el territorio nacional.

Promoverá la reforestación de las zonas desmontadas y extenderá los montes cultivados a las áreas marginales para la agricultura y la ganadería.

POLíTICA ENERGéTICA

EN LA DEPENDENCIA

En 1974 se importó petróleo y derivados por un total de 470 millones de dólares; a esta cifra se suman 315 millones de dólares por el crudo extraído en concesiones privadas y en virtud de cláusulas de reajuste del precio en relación con el precio internacional. Además, se perdieron 120 millones de dólares que correspondieron a las ganancias obtenidas por las empresas extranjeras comercializadoras, las cuales, a pesar de la publicitada "argentinización de las bocas de expendio", han seguido facturando en destilerías a los mismos precios de antes. También en 1974 la importación de carbón significó una erogación de 55 millones de dólares, al mismo tiempo que el país, en uno solo de los yacimientos (Río Turbio), tiene reservas de 500 millones de toneladas.

PARA LA LIBERACIóN

Diversificará las fuentes internas de energía eléctrica tratando de disminuir la participación del petróleo mediante el desarrollo del potencial hidroeléctrico y atómico disponibles y el desarrollo e investigación de otras fuentes de energía.

Pondrá en práctica un Programa de Energía Eléctrica tendiente a elevar la capacidad de generación instalada y la correspondiente expansión de los sistemas de transmisión y distribución.

El Estado y las cooperativas en las pequeñas y medianas localidades urbanas, tendrán a su cargo en forma exclusiva la generación, transformación, transmisión, distribución y comercialización de la energía eléctrica.

Disminuirá el grado de dependencia externa del petróleo a través de un programa intensivo de prospección e intensificación inmediata de la producción interna, acortando los plazos que median entre el descubrimiento y la explotación de los yacimientos.

Sustituirá gradualmente al petróleo como fuente de energía para maximizar su utilización como insumo industrial.

Todas las etapas de la actividad petrolera y gasífera estarán exclusivamente en manos del Estado.

TRANSPORTE

EN LA DEPENDENCIA

El panorama sectorial se caracteriza por el desorden como consecuencia de la competencia irracional entre el camión y el ferrocarril. Actualmente tiene lugar una transferencia de tráfico ferroviario al transporte automotor, que excede las distancias consideradas aceptables desde el punto de vista de su economicidad. Este hecho, impulsado por las terminales automotrices,

determinó un sobredimensionamiento del parque automotor de cargas y se estima poco probable que a mediano plazo se pueda adecuar la estructura caminera y ferroviaria a las exigencias propias de cada uno. Esto pone de manifiesto la absurda competencia desatada por las empresas multinacionales, dirigida a la maximización de beneficios a cualquier costo, sin reparar en los intereses nacionales y la necesidad de distribuir la carga de acuerdo a las condiciones de economicidad de cada sistema. Por otra parte, el material de las empresas estatales es en su gran mayoría vetusto y anticuado (la edad promedio de la Flota Mercante es de 37 años); además la concentración porteña perjudica sensiblemente el tráfico comercial con el exterior, que se realiza en un 95% por agua. El puerto de Buenos Aires centraliza casi el 95% de las importaciones y el 75% de la exportaciones, a pesar de ser un puerto de difícil acceso y altos costos de mantenimiento que encarece los fletes como consecuencia de sus limitaciones de calado. En el rubro marítimo, la postergación nacional resulta innegable: en el comercio de exportaciones ELMA participa con el 6%, el resto de la bandera argentina con el 4% y las banderas extranjeras con el 90%; en las importaciones a ELMA le corresponde el 5%, el resto de la bandera argentina el 20% y a las banderas extranjeras el 75%.

PARA LA LIBERACIóN

Programará un sistema de transportes que determine la idoneidad y la rentabilidad de cada medio, fijándole las área correspondientes, lo que evitará la falsa competencia entre el camión, los ferrocarriles y los medios fluviales, al conseguir una óptima utilización de los recursos disponibles.

Incrementará la frecuencia de los servicios y la disponibilidad de vagones de pasajeros en las líneas urbanas y suburbanas y de vagones de transporte para larga distancia.

Por su condición de país marítimo formulará una política naviera que aliente sustancialmente la capacidad y la participación de nuestra flota mercante nacional, mediante la construcción de unidades en astilleros argentinos.

Habilitará nuevos puertos para descentralizar nuestras importaciones y exportaciones, aplicando criterios regionalistas y de eficiencia operativa.

Reservará para el Estado la explotación de los servicios aéreos nacionales e internacionales.

TURISMO

EN LA DEPENDENCIA

Los altos costos limitan las posibilidades de la mayoría del pueblo de conocer y disfrutar su propio país. Una infraestructura obsoleta y escasa, una industria desorganizada e infiltrada por intereses foráneos no constituyen ningún aporte serio a la economía nacional. No existe una política de promoción y auspicio del turismo nacional e internacional, excepto el que se realiza por medio de las obras sociales sindicales.

PARA LA LIBERACIóN

Promoverá mediante el desarrollo de una adecuada infraestructura el acceso masivo del pueblo al turismo interno.

Incrementará sustancialmente el ingreso de divisas provenientes del turismo receptivo internacional.

LA MUJER

EN LA DEPENDENCIA

Sufre una doble explotación: la que sufre de su condición de asalariada y la que deriva de la realización de las tareas domésticas, consideradas típicas y exclusivamente femeninas por las pautas culturales aún vigentes. Esa concepción del trabajo doméstico como trabajo gratuito –dentro de una economía basada en el dinero- lleva a establecer que el 65% de las mujeres pertenecen a la población económicamente no activa. El otro 35%, pese a la declaraciones formales sobre la igualdad, se desempeña –con contadísimas excepciones- en tareas subordinadas, bajo condiciones salariales discriminatorias y sin posibilidades reales de acceder a los puestos de mando en la administración pública o privada. Sobre una población femenina estimada en 12 millones, casi 3.500.00 carecen de instrucción primaria o esta es incompleta. Solo un 6,25% completó estudios secundarios y un 0,93% posee título universitario. Blanco preferido de la publicidad, es incitada al consumo permanente y a desarrollar –en nombre de valores muy discutibles- una mentalidad poco dispuesta a transformaciones profundas.

PARA LA LIBERACIóN

Logrará en igualdad con el hombre una efectiva participación en las actividades sociales, políticas y económicas, eliminando todo trato discriminatorio que limite las oportunidades o afecte los derechos y dignidad de la mujer.

Garantizará la participación de la mujer en el proceso de liberación nacional mediante la creación de guarderías y jardines de infantes y otras instituciones que aseguren la tenencia, educación y salud de sus hijos y faciliten las tareas domésticas durante las horas de trabajo.

CONVOCATORIA A LA LUCHA POR LA LIBERACIóN

LA TERCERA ETAPA DE LA RESISTENCIA NACIONAL

En esta nueva etapa de la argentinidad, los signos del mundo han cambiado en un sentido de avanzada tecnológica, de liberación humanista y de emancipación nacional. Sin embargo nuestro país inmerso en la crisis general del régimen que capitanean los Estados Unidos de Norteamérica, se estremece por una avalancha de calamidades. La vida argentina está impregnada de imperialismo; sus estructuras económicas y sociales infiltradas por la dependencia. Atrapada en el proyecto hegemónico norteamericano, carece de voluntad propia para decidir su propio destino como nación soberana y autodeterminada.

El carácter capitalista-dependiente de su estructura económica, origen y causa de su crisis más profundas, multiplica los síntomas del atraso al actuar sobre todos los elementos del cuerpo argentino. La inequidad en la distribución de la riqueza, el desempleo, el analfabetismo, las crecientes dificultades del productor agrario no latifundista y del empresario industrial no monopolista, la inestabilidad política permanente, el retroceso de la presencia nacional en América Latina y en el mundo, la violencia y el terrorismo extremistas, los falsos antagonismos inter-sectoriales, son otras tantas expresiones del atraso y de la carencia de autonomía para el desarrollo.

Hasta ahora no se ha logrado modificar radicalmente este sombrío panorama, buenas intenciones, promesas que no se cumplieron o quedaron a mitad de camino, meros paliativos, ya que quedaron intactas las sustancias del drama nacional.

Subsisten agravados los problemas de fondo y parece cada vez más lejano el día de la salvación nacional.

En los tiempos que corren todos los capítulos de la crisis están abiertos ante la angustia y la zozobra de millones de argentinos. Es en la dependencia de un sistema agónico, en la carencia de un propio proyecto independiente de desarrollo, donde deben buscarse las razones prioritarias de los graves malestares que todos sufrimos.

Por ello se equivocan quienes hacen de la institucionalidad un fin en sí mismo.

Si la legalidad no sirve para construir la independencia económica, para la socialización del poder, la riqueza y la cultura, pierde su legitimidad, se convierte en una fórmula abstracta, sin ningún valor. Con la legalidad retaceada, vacua, yerma, lo único que se logra es engendrar conflictos y en definitiva, se compromete el destino de todo el sistema institucional.

Tampoco son las alternativas elitistas las que aportarán soluciones válidas, solo por la intervención de uno o más factores de poder.

Es innegable que muchos se dejan encandilar por los métodos drásticos, pero sin porvenir cierto, urgidos por la dimensión del desorden y la corrupción. Algunas voces se han alzado para señalar a la crisis moral como raíz de todas las dificultades.

Nadie puede negar que la inmoralidad amenaza cubrir los más variados estamentos de la vida nacional, que el latrocinio y el peculado constituyen el mecanismo más eficaz para la especulación individual.

Todos los culpables deben ser castigados con el más severo rigor de la ley penal.

Es imperioso e imprescindible hacerlo así, por razones de dignidad nacional y para amedrentar a los inmorales y oportunistas.

Hay que llegar, sin embargo, al fondo de la cuestión. No se trata de la desgraciada actuación de algunas personalidades malignas; la verdadera fuente del mal está en la propia base del régimen, donde el poder del dinero es la llave para todos los privilegios y la garantía de todas las inmunidades.

No habrá solución en tanto los trabajadores no reciban una equitativa retribución por su trabajo.

No habrá solución mientras los productores sigan esquilmados por intermediarios y especuladores.

No habrá solución mientras el lucro máximo sea la única ley valedera.

No habrá solución mientras persista el arbitrario derroche de recursos humanos, naturales y de capital.

No habrá solución mientras persista la fuga masiva de capitales al exterior.

No habrá solución mientras no se desaloje efectivamente del poder a los aliados internos de los de los intereses foráneos, antes británicos y ahora principalmente norteamericanos.

No habrá solución mientras se mantenga la estructura agraria improductiva, mientras se carezca de industria de base, mientras no se implemente una política económica exterior independiente.

No habrá solución sin la participación del estado en el efectivo control de los principales mecanismos de la vida nacional.

No habrá solución mientras no se garantice la participación popular en el control y la gestión de los asuntos públicos.

No habrá solución mientras el desorden y el caos no sean reemplazados por la planificación nacional.

La tarea es clara y terminante: DEBEMOS RECUPERAR EL CONTROL DE NUESTRA ECONOMíA PARA REALIZAR UNA REVOLUCIóN QUE PERMITA UNA EQUITATIVA, CRECIENTE Y RACIONAL DISTRIBUCIóN DE LAS RIQUEZAS NACIONALES.

La participación popular, el nacionalismo económico, la justicia social y la integración latinoamericana, son los pilares de la nueva sociedad que construiremos.

La liberación nacional y social y el desarrollo económico son exigencias necesarias, hasta la supervivencia como Nación. Las tensiones políticas, la presión demográfica, la crisis de alimentos y el desgaste de los recursos naturales en los países imperiales, entre otros factores, configuran situaciones que nos obligan a atender en plazos perentorios la utilización de todo nuestro potencial. En caso contrario, el porvenir nos encontrará cada vez más disminuidos en nuestra capacidad de decisión e incluso en nuestra integridad territorial.

Para modificar el actual estado de cosas no basta con la decisión revolucionaria. El proceso no es mecánico ni fatal. Los enemigos a vencer son poderosos y arteros y tienen aún amplio campo de maniobras. La frustración consecuente pretende paralizar la voluntad colectiva, para abrir paso a cualquier aventura o solución desesperada que, en definitiva, siga manteniendo en lo esencial el régimen capitalista-dependiente.

Lamentablemente, hay núcleos deseosos de cambios violentos que, en definitiva, facilitan la maniobra oligárquico-imperialista, ya sea porque apelan a métodos que reprueba el sentimiento colectivo o porque orientan su combate hacia enemigos supuestos, confundiéndolo todo y al fin paralizando la acción popular.

Todo proyecto nacional supone una ideología y una práctica política. No basta con negar lo existente , se requiere afirmar lo por venir. La revolución nacional importa la toma de conciencia del agotamiento del modelo capitalista-dependiente y al mismo tiempo, la propuesta sobre los medios, el camino y la filosofía para superar el esquema establecido y construir el nuevo.

La INTRANSIGENCIA se yergue ante la nación toda, desde su origen en la línea nacionalizante y socializante del yrigoyenismo revolucionario, para proclamar su decisión de asumir la tarea transformadora y creativa de llevar hasta la culminación el proceso de resistencia nacional contra la opresión extranjera y por la plena emancipación.

Son las banderas del nacionalismo popular revolucionario, las que amparan esta determinación transformadora.

La INTRANSIGENCIA ES NACIONALISTA porque afirma la política antiimperialista, de soberanía y autodeterminación nacionales.

La INTRANSIGENCIA ES POPULAR porque rechaza todas las soluciones de minorías, de cualquier signo y reclama la justicia social y la participación activa de las mayorías.

La INTRANSIGENCIA ES REVOLUCIONARIA porque lucha para quebrar la dependencia, para crear una nueva sociedad donde estén socializados el poder, la riqueza y la cultura.

Sabemos que nuestro país tiene los recursos suficientes para satisfacer las necesidades de todos sus pobladores. Si no lo hace es porque la potencialidad nacional no está al servicio común, sino de unos pocos privilegiados.

En la nueva sociedad que proponemos, el Estado planificará –con la participación de los sectores productores, empresarios y obreros- la producción y la riqueza para que tenga un carácter fundamentalmente social, ya que su origen es el trabajo creador de la comunidad. Solo así será posible que el trabajo creador de la comunidad. Solo así será posible que el trabajo deje de ser un modo de servidumbre y alienación para transformarse en una actividad liberadora y socialmente útil.

Ningún país es vigoroso si la mayoría de sus habitantes no se interesan en la defensa de la soberanía y la integridad nacional. Ningún Estado es fuerte solo por su capacidad de castigo o de represión si no se apoya en un sólido frente interno y en una sana economía.

En el vacío político o social no tienen andamientos los planes reformistas por más retórica revolucionaria que los adorne. La estrategia de la INTRANSIGENCIA para la liberación nacional se apoya ante todo en la movilización integral de la capacidad humana. No hay mejor seguro que la participación del pueblo contra el burocratismo, el reformismo estéril y los ciegos extremismos.

La tarea revolucionaria no es para un grupo de hombres iluminados, ni para una sola fuerza política. Es posible llevarla a cabo únicamente por la colaboración real de cuantos quieren abatir al régimen de la dependencia y realizar la revolución nacional.

La indispensable alianza, en la cabecera de un gran movimiento popular, tiene la particularidad de ser para nosotros la continuidad histórica del yrigoyenismo, lo que no obsta para que advirtamos la necesaria presencia del peronismo-pueblo y de todos los sectores coincidentes en esta tercera etapa de la resistencia nacional, que deberá ser la etapa de la victoria popular.

El futuro no es propiedad privada de nadie. Se requiere el concurso de la civilidad democrática y revolucionaria y los sectores coincidentes de las fuerzas armadas. No habrá revolución sin la integración del poder civil y el poder militar.

Nadie puede eludir la convocatoria ni desoir el imperativo histórico. Ningún sector puede reclamar para sí la exclusividad de la conducción. Es cierto, a propósito de esto, que los trabajadores son el motor de todos los procesos emancipadores, como agentes activos de la producción, pero no se puede instrumentar un proyecto nacional revolucionario –mucho menos dentro de las especificidades argentinas- sin el concurso de los sectores medios, de los pequeños y medianos empresarios, de los sectores industriales y campesinos y de las expresiones activas de la cultura nacional.

En el plano político existen sobradas pruebas de la confluencia posible. Basta advertir que el ochenta por ciento del electorado votó, en los últimos comicios, programas convergentes.

La experiencia posterior demostró que con las fuerzas dispersas ninguna de estas plataformas pudieron llevarse a la práctica; es entonces imprescindible establecer las bases de coincidencia.

El país, además, ha tomado conciencia con respecto a la anulación práctica de su federalismo, reducido a una mera prescripción constitucional. La revolución nacional ampliará los límites del progreso tecnológico y el desarrollo industrial, constreñidos hoy al Gran Buenos Aires y a algunas grandes ciudades, hasta un término donde se confundan con los límites geográficos de la Nación, restaurando así las bases federalistas de una organización surgida de la propia entraña y afirmada históricamente por las luchas populares.

Estos aportes para un Proyecto Nacional han establecido un diagnóstico y señalado propuestas para una urgente realización. Por todo ello la Convención Nacional del Partido Intransigente: CONVOCA A QUE TODOS UNIDOS CONTRA LA OLIGARQUíA Y EL IMPERIALISMO HAGAMOS POSIBLE LA JUSTICIA SOCIAL, LA AUTODETERMINACIóN NACIONAL Y LA NUEVA SOCIEDAD.

Como en las horas de la fundación patriótica, vamos hacia la reivindicación de la INDEPENDENCIA Y LA UNIDAD NACIONAL. EL PARTIDO INTRANSIGENTE ESTARá EN LA PRIMERA LíNEA DE LA LUCHA, HASTA LA CONQUISTA DE LOS DERECHOS POPULARES Y NACIONALES.

 

Córdoba, 13 de diciembre de 1975
Ataulfo Pérez Aznar,
Presidente de la Convención Nacional.

 

 

 

Buscar

Click para saber donde votas

 

Seguinos en:

 

Escucha la Marcha

Homenaje a Fidel Castro

Humor